Pola de Allande, un viaje al occidente asturiano

“Hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza.”
(Jean-Jacques Rousseau)

A unos 100 kilómetros de Oviedo (capital del Principado de Asturias) y en un precioso entorno natural, nos encontramos con el pequeño pueblo de Pola de Allande. “La Puela“, como se le conoce en asturiano, es la capital del concejo de Allande, muy ligado a la emigración.
Durante el siglo XX este concejo perdió gran parte de su población, sobre todo en dos grandes períodos: Entre 1900 y 1930 hubo una emigración masiva a países como Cuba, Puerto Rico o Argentina, en busca de mejores oportunidades.  Y a partir de 1960, con la industrialización del país, el concejo perdió casi dos terceras partes de sus habitantes, afectando en gran medida a su economía y muy especialmente al sector agrícola. Hoy en día son poco más de 1.700 los habitantes del concejo.

Rincones bonitos de Pola de Allande

Y siendo la emigración una parte tan importante en la historia de Allande tenemos que hablar del Monumento al emigrante, un homenaje a todos aquellos asturianos que viajaron, sin equipaje alguno, al continente americano.
La estatua, en bronce y con una altura de tres metros, fue realizada por el escultor Prats Ventós y donada a Pola de Allande por Agnes Fuertes de Carvajal y emigrantes allandeses de Santo Domingo y Puerto Rico, donde también existen dos réplicas idénticas. Detrás y a todo color, el mural que representa la unión entre Allande y América, donde el Ayuntamiento allandés figura a la derecha y el viejo San Juan de Puerto Rico a la izquierda. Coronan el conjunto las banderas representativas de los países americanos que acogieron a emigrantes españoles.


Uno de los tesoros de la región es el Palacio de Cienfuegos, con su amplia e inconfundible galería y situado sobre una colina. Durante los siglos XVI a XX fue propiedad de los Señores de Allande y Condes de Marcel de Peñalba, aunque su origen se remonta al siglo XIV. En 1994 fue declarado Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento, pero actualmente se encuentra casi en ruinas. Una pena, pues dada su inmejorable situación geográfica, pudo haberse convertido en parador de turismo o en museo etnográfico, añadiendo atractivo turístico a la zona.

Soy una gran admiradora de las casonas de indianos, así que no puedo dejar escapar la oportunidad de hablaros de Villa Rosario. Fue construida en 1924 a petición de Manuel Cadierno Argüelles, emigrante a Puerto Rico y dedicado al comercio, junto a su hermano Segundo (que fue alcalde de Pola). Ambos hicieron fortuna y regresaron a su pueblo natal años más tarde, donde financiaron grandes mejoras para el concejo, como la construcción de escuelas rurales y caminos vecinales o la creación de una asociación agrícola.
En los años 70 Villa Rosario fue adquirida y restaurada por Donato Fernández, otro emigrante a Puerto Rico, que dio el nombre a la casa en honor a su mujer, Rosario Molero. Fue tan generoso con el concejo que la calle donde está ubicado el Ayuntamiento lleva su nombre.




Y éste es el Ayuntamiento de Allande, un bonito edificio de 1907, situado en la calle Donato Fernández, como os comenté.

Finalmente termino con una recomendación gastronómica. Frente al Ayuntamiento se encuentra el Hotel-restaurante La Nueva Allandesa, uno de esos lugares donde se come como en casa, de trato amable y muy familiar. Fundado en 1953 y reformado en 1997, fue galardonado con varios premios, entre los que destaca la “mejor fabada del mundo”.

A este restaurante hay que ir con el estómago vacío, pues sus platos, todos caseros, son contundentes y sus raciones muy generosas. No hay carta, pero sí un espectacular menú degustación que cuesta en torno a 20 euros y que comienza con un entrante de paté de morcilla, para pasar a algo 100% asturiano: la fabada y el pote de berzas. A continuación, pudding de verduras acompañado de una sabrosa salsa de tomate casera y después, el riquísimo repollo relleno de carne guisada y salsa de patata, plato estrella de la casa. El menú incluye también una ración de carne, que dependiendo del día pueden ser escalopines al cabrales, costilla o cachopo. Para aderezarlo todo, vino de Cangas, también de elaboración propia. Los postres tampoco defraudan, aunque lo mejor es pedir un surtido, que se compone de pequeñas porciones de tarta de la abuela, tarta de queso, flan, requesón con miel y nata con almendras caramelizadas. El arroz con leche es también digno de mención.
Sin duda, merece la pena saltarse la dieta para probar estos sabrosos platos tradicionales que tanto nos recuerdan a los que hacían nuestras abuelas, a fuego lento y en cocina de carbón.

Para mí siempre es un placer viajar a Pola de Allande y disfrutar de su entorno, de su gastronomía y de la amabilidad de su gente. Asturias es un paraíso extraordinario.
La próxima semana, nuevas aventuras viajeras y gastronómicas. ¡¡Os espero!!

Una respuesta a “Pola de Allande, un viaje al occidente asturiano”

  1. Una zona bonita de Asturias, y vaya pedazo menú. Vale para tres días sin comer.

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