Palacio de Versalles o el poder del Rey Sol

“El Estado soy yo”.
(Luis XIV, rey de Francia)

Nunca una frase resumió tan bien a un personaje histórico. Luis XIV fue rey de Francia durante 72 años y Versalles fue el escenario perfecto para reflejar todo su poder, derroche y extravagancia, el justo esplendor que estaba convencido que se merecía.

Al ser un lugar ideal para grandes construcciones, Versalles reunía todo lo necesario para cumplir el deseo del rey de establecer toda la corte en torno suyo, motivo por el cual Luis XIV fue apodado “Rey Sol”.

Y hoy, con más de tres siglos de historia y siete millones de turistas al año, es uno de los lugares más visitados de Francia y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1979. Por tanto a Versalles conviene ir sin prisa y armarse de paciencia para ver sus 800 hectáreas de superficie (originalmente fueron 8.000), 20 kms. de caminos, 200.000 árboles, tres palacios, varios jardines, un parque, 2.153 ventanas, 67 escaleras, más de 50 fuentes… y más, mucho más.

El horario de apertura es de 09:00 a 18:30 (lunes cerrado) y el precio de la entrada es 20,00 euros (gratis para menores de 18 años). También hay la opción de sacar entrada para dos días (25,00 euros), lo cual no es descabellado, pues nosotros fuimos un día entero y nos fue imposible verlo todo. Ahora veréis el porqué.

Nada más llegar a Versalles, una gran explanada de 300 metros de longitud nos da la bienvenida. Es la Plaza de Armas y en ella podemos ver la estatua ecuestre de Luis XIV y una primera reja de entrada que da acceso al Patio de Honor, donde se encuentra la dorada Reja Real, de 80 metros de longitud y restaurada en 2008 con fondos privados. En este momento ya podemos hacernos una idea de la magnitud de Versalles, pero os aseguro que la imaginación se queda corta ante tanta maravilla que veréis después.

Una vez traspasada la entrada, nos encontramos con el Patio Real y, a continuación, el Patio de Mármol. Es la parte más antigua del palacio y desde aquí se pueden ver los aposentos del rey, un balcón dorado soportado por columnas de mármol rosado.

Patio Real y Patio de Mármol
Detalle del balcón dorado, la habitación del rey

Lo que comenzó siendo un pequeño palacete de caza para el rey Luis XIII (padre del Rey Sol y quien compró los terrenos), Luis XIV lo acabó convirtiendo en sede de la monarquía absoluta y símbolo de su poder, tras cincuenta años de obras. Posteriormente Versalles sufrió varias etapas constructivas, muchas reformas y ampliaciones a lo largo de su historia, a manos de los sucesores del Rey Sol: Luis XV y Luis XVI.
Luis XV apenas realizó cambios en el exterior y se centró en adaptar las estancias al gusto de la época, creando por ejemplo el Salón de Hércules, al que algunos llaman la “Capilla Sixtina francesa” y que tiene una triste historia que luego os contaré.
Con Luis XVI, en cambio, llegó el declive a Versalles. Su falta de carácter, su incapacidad personal para gobernar y su matrimonio con María Antonieta (muy impopular entre los franceses por sus gastos desmesurados y su mala reputación) sembraron el germen de la Revolución Francesa y ambos acabaron en la gillotina de la Plaza de la Revolución de París (hoy Plaza de la Concordia), antes de cumplir 40 años.

Fachada del palacio del rey

Siguiendo con la visita y ya en el interior del palacio, lo primero que nos encontramos es la Capilla Real, que empezó a construirse en 1689 y se terminó en 1710, tras varias interrupciones debido a las guerras. El Rey Sol sólo pudo disfrutarla durante los últimos cinco años de su vida, ya que murió en 1715. Esta capilla es la quinta en la historia del palacio y fue el lugar donde se casaron Luis XVI y María Antonieta, en 1770.

A continuación veremos el Gran Apartamento del Rey, formado por varios salones inspirados en la mitología clásica y dedicados a Hércules, la Abundancia, Venus, Diana, Marte, Mercurio y Apolo.

El Salón de Hércules tiene en su techo el fresco “La apoteosis de Hércules”, pintado por François Lemoyne. La obra, a pesar de que fue un gran éxito, le supuso al pintor un trabajo tan agotador que acabó suicidándose tras finalizarla.

“La apoteosis de Hércules”

En el Salón de la Abundancia se servían comidas, café, vinos y licores. Y era la antesala al gabinete de curiosidades y rarezas del rey, con objetos de colección. Es mucho menos recargado, en contraste con el Salón de Hércules.

El Salón de Venus y el Salón de Diana configuraban el acceso principal al Gran Apartamento del Rey. En el primero se representa en el techo a Venus, diosa del amor. En el segundo hay un busto de Diana, diosa de la caza y hermana de Apolo, con quienes Luis XIV se sentía muy identificado.

Estatuas de mármol en el Salón de Venus
Busto de Diana, presidiento su sala

Los tres últimos salones son el Salón de Marte, que fue la sala de guardias y posteriormente se dedicó a música y danza; el Salón de Mercurio, en cuya cama se expusieron los restos mortales de Luis XIV, en los diez primeros días de Septiembre de 1715 y el Salón de Apolo, dedicado al dios romano del Sol y donde hay un trono, utilizado para audiencias reales.

Y después de visitar estos magníficos salones llegamos a la Cámara del rey, verdadero corazón de la vida de la corte. Cuando el rey estaba dentro, el acceso era estrictamente de etiqueta y había todo un ceremonial al despertarse y al acostarse, pero cuando no se encontraba en el palacio se permitía visitarlo a cualquier persona. Este lugar apenas sufrió modificaciones a manos de sus sucesores y conserva las obras de arte y la misma decoración que existía tras la Revolución Francesa.

Los reyes dormían en habitaciones distintas, ya que en la cámara del rey entraban sus consejeros e incluso había recepciones y la reina necesitaba un espacio más privado.
En el Gran Apartamento de la Reina destaca sobre todo la Cámara de la Reina, donde se realizaron hasta diecinueve alumbramientos de tres reinas distintas y, sorprendentemente, de forma pública. Como curiosidad, a la izquierda de la cama hay una puerta secreta, por la que trató de escapar Maria Antonieta durante la Revolución Francesa, sin conseguirlo.

Pero la verdadera joya del palacio real es sin duda la preciosa Galería de los Espejos (llamada “Gran Galería” en el siglo XVII), con 73 metros de longitud y 357 espejos que adornan 17 arcos frente a grandes ventanas que iluminan toda la estancia. Aquí se celebró el baile de disfraces de la boda de Luis XVI y María Antonieta, en 1770 y también aquí se firmó el Tratado de Versalles en 1919, que puso fin a la Primera Guerra Mundial.


La Galería de los espejos tiene además dos salones simétricos: el Salón de la Guerra y el Salón de la Paz.

El palacio cuenta con galerías históricas como la Galería de las Batallas, creada en 1837 y que muestra 35 grandes lienzos de las batallas de Francia y 82 bustos de militares franceses.

Ya en el exterior, uno de los mayores atractivos del palacio de Versalles son sus jardines. La Orangerie fue construida entre 1681 y 1686 y alberga más de 1.000 arbustos (palmeras, laureles rosados, naranjos,etc) colocados en pequeñas cajas de plástico para ser trasladados, ya que se exponen en los meses de verano y se retiran en invierno, para protegerlos.

La Orangerie

Justo enfrente de la Orangerie podemos ver el Estanque de los Suizos, con casi 700 metros de longitud y 1,70 de profundidad. Recibe ese nombre por haber sido excavado en 1678 por miembros de la guardia suiza, para drenar el huerto del rey.

Estanque de los Suizos, al fondo

Entre las muchas fuentes que tiene Versalles, éstas cuatro son sólo una pequeña muestra: la Fuente de Latona, inspirada en “La metamorfosis de Ovidio” y que ilustra la leyenda de la madre de Apolo y Diana, que pide ayuda a Júpiter para proteger a sus hijos de los ataques de los campesinos, a los que convierte en ranas y lagartos; la Fuente de Apolo, en plomo dorado, representa a Apolo en su carruaje tirado por caballos (a su lado está el Gran Canal, conocido como “La pequeña Venecia” y que fue escenario de fiestas náuticas y muchas navegaciones marítimas); el Estanque del dragón, donde una serpiente pitón muere por una flecha del joven Apolo o la Fuente de Saturno, que simboliza el invierno.

La fuente de Latona, en primer plano y, detrás, el palacio del rey
Fuente de Latona, Fuente de Apolo, Estanque del dragón y Fuente de Saturno

Pero, además del gran palacio del rey, Versalles también cuenta con otros dos preciosos palacios: el Gran Trianon y el Pequeño Trianon, que fueron creados especialmente para las amantes de los reyes Luis XIV y Luis XV.

El Gran Trianon, de mármol rosado, fue el refugio de Luis XIV y su amante favorita, Madame de Maintenon. Este precioso palacio también se puede visitar por dentro y dejarse sorprender por sus bonitos salones y estancias.

Gran Trianon
Galería del Gran Trianon
Interior del Gran Trianon

El Pequeño Trianon fue creado para Madame de Pompadour, la amante favorita de otro rey, Luis XV. Posteriormente, en 1774,  el rey Luis XVI se lo regaló a su esposa, María Antonieta, para que llevase una vida tranquila y alejada de la  corte. Desde entonces este palacio y sus alrededores forman parte de los llamados “Dominios de María Antonieta”. También es muy recomendable visitarlo por dentro, aunque destaca sobre todo por su bonito entorno.

Pequeño Trianon
El Pequeño Trianon y su precioso entorno
Habitación de la reina María Antonieta y Sala de juegos

En el Pequeño Trianon, además del palacio, no dejéis de visitar el Belvedere, un pequeño pabellón octogonal de música o el Templo del Amor, realizado íntegramente en mármol blanco.

Paisaje precioso del Belvedere
El Templo del Amor

Después de un día entero de visita nos faltaron por ver algunas cosas, como la Aldea de María Antonieta, formada por 12 casas que pretendían dar una idea (bastante alejada de la realidad) de un entorno rural. Se nos echó el tiempo encima con tantas cosas que ver y sólo pudimos divisar una casita a lo lejos, a través de un árbol de lo más original.

Tras este pintoresco árbol se encuentra la Aldea de la reina

Es un privilegio visitar Versalles, entrar en los palacios y pasear por los jardines que un día habitaron las personas más poderosas de Francia. Un lugar creado por un rey que siempre tuvo claro que su residencia debía de ser una de las maravillas más grandes del mundo, sin importarle el despilfarro que ello suponía.

En todo caso, Francia nos encanta y no será la última vez que la visitemos, seguro.
¡¡Hasta el próximo viaje, amigos!!

 

 

 

 

 

Deja una respuesta