Logroño, capital de La Rioja

“Receta para unas horas de felicidad en torno a una mesa:
buena comida, buen vino y buena gente.”
(José Luis Solanilla, crítico gastronómico)

A orillas del río Ebro se encuentra Logroño, una ciudad con excelente gastronomía y buenos vinos. La capital de La Rioja forma parte del Camino de Santiago y esconde muchos rincones por descubrir.

Desde 1981, la sede actual del Ayuntamiento de Logroño se encuentra en la Avenida de la Paz y es un moderno edificio, construido sobre los terrenos de un antiguo cuartel. Pero anteriormente y durante 115 años (1865-1980) el Ayuntamiento se encontraba en pleno casco histórico, en el Palacio de los Chapiteles, propiedad de los marqueses de Someruelos y que actualmente es la sede del Instituto de Estudios Riojanos.

Ayuntamiento nuevo
Palacio de los Chapiteles (antiguo Ayuntamiento)

Muy cerca de los ayuntamientos se encuentra el bonito edificio de la Escuela de Artes y Oficios, dedicado a la formación de artesanos y profesionales de diferentes oficios artísticos y cuya primera piedra para su construcción se colocó en 1915. Desde 2010 es sede de la Escuela Superior de Diseño de La Rioja, con una capacidad para 450 alumnos.

Frente a la Escuela de Artes y Oficios se encuentra el monumento al Fuero de Logroño, en homenaje al rey Alfonso VI por otorgar un conjunto de derechos y mejoras a los ciudadanos en 1095, con el objeto de desarrollar importantes actividades comerciales para la replobación de la ciudad, tras el ataque y saqueo de El Cid a tierras riojanas.
El monumento se representa con el rey sentado, sosteniendo un pergamino con su mano derecha y a su espalda, varios grabados de la vida medieval logroñesa.

Logroño es una ciudad con muchos monumentos religiosos, entre los que destaca la Concatedral de Santa María de la Redonda y sus dos torres, principales emblemas logroñeses que figuran en cualquier postal o recuerdo de la ciudad. Comenzó a construirse en el siglo XVI, pero la estructura del edificio no se terminó por completo hasta el siglo XVIII.

Concatedral de Santa María de la Redonda
Las dos torres, al atardecer

Otra importante iglesia es la de San Bartolomé, la más antigua de Logroño, que fue construida en el siglo XII y declarada Monumento Nacional en 1866.

Iglesia de San Bartolomé
Detalle del Pórtico

También destaca la Iglesia de Santiago el Real, muy vinculada al Camino de Santiago y que acogió en su momento el archivo de la ciudad, donde se custodiaban todos los documentos importantes.

Iglesia de Santiago el Real

Una de las zonas más visitadas de Logroño es el Paseo del Príncipe de Vergara, conocido popularmente como “Paseo del Espolón” (también Burgos cuenta con un paseo con este nombre, como ya os comenté en su momento).
Aquí hay que destacar la estatua ecuestre del general Baldomero Espartero, muy querido en Logroño, ciudad donde nació su esposa y donde ambos vivieron y fallecieron. El monumento fue construido con más de 11.000 kilos de bronce y con un presupuesto de 100.000 pesetas de la época (año 1872).
Por cierto, ¿os suena una famosa expresión sobre los atributos del caballo de Espartero?…

Monumento a Espartero, en el Paseo del Espolón

También en este Paseo del Espolón y muy cerca del monumento a Espartero, nos encontramos con una especie de arco, llamado “Concha del Espolón” y que es un auditorio donde se realizan conciertos y espectáculos en verano. El resto del año, como podéis ver, sirve de cobijo para gente sin techo.

Otro personaje ilustre para Logroño fue el político Práxedes Mateo Sagasta, quien fue en varias ocasiones presidente del gobierno  a finales del siglo XIX. Su escultura en bronce está situada en la Glorieta del Doctor Zubía, al lado del Paseo del Espolón. Fue declarado hijo predilecto de Logroño en 1882.

Una de las cosas más bonitas de Logroño es dar un paseo por alguno de sus puentes, atravesando el río Ebro.
El Puente de Hierro (o Puente de Sagasta) es el más antiguo y largo de la ciudad. Se construyó en 1881 y mide 330 metros de longitud. Lleva el nombre del político Sagasta porque fue él quien promovió su construcción, tras el trágico accidente en el que murieron 90 soldados cuando trataban de cruzar el río. Para su construcción se emplearon más de 1.000 toneladas de hierro.


Por otra parte, el Puente de Piedra (o Puente de San Juan de Ortega) se construyó en 1884 y vino a sustituir a otro importante puente que fue derribado a finales del siglo XIX y que aparece en el escudo de la ciudad. Es otro de los grandes símbolos de la ciudad.
Además, sirve a los peregrinos que hacen el Camino de Santiago como puerta de entrada a la ciudad.

Entre ambos puentes y en un entorno precioso, se encuentra la Casa de las Ciencias, cuyo edificio fue el antiguo matadero municipal de la ciudad, construido en 1901. Actualmente y desde 1999 acoge exposiciones temporales, conferencias, aulas y talleres.

La Casa de las Ciencias, a la izquierda. Al fondo, el Puente de Piedra.

Finalmente, no puedo despedirme sin hablar de la famosa calle del Laurel, en el casco antiguo de la ciudad. No cuenta con impresionantes monumentos, pero sí con más de 60 bares en apenas 200 metros, que hacen de ella una de las calles más transitadas de la ciudad. Una buenísma zona de tapeo donde degustar infinidad de pinchos al estilo vasco y con nombre propio, como “el matrimonio”, “el cojonudo” o “las zapatillas”, combinados con otros no menos sabrosos, como los típicos “champiñones” o las “patatas bravas” del Bar Jubera, que están entre las 10 mejores de España, según los entendidos.
Como curiosidad hay que destacar que la calle del Laurel tiene incluso una web propia, donde informarse de sus últimas novedades gastronómicas y que os indico aquí.
Y un detalle sorprendente… a esta zona también se la conoce como la “Senda de los elefantes“, porque se dice que todo el que entra, sale con trompa y a cuatro patas.

Tapeo en la calle del Laurel

Logroño es una ciudad acogedora, ideal para recorrerla a pie y sin prisas. Merece la pena descubrirla, ¿no os parece?
¡¡Nos vemos en el próximo viaje, amigos!!

 

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