Burgos II: monasterio de las Huelgas Reales y paseo de la Isla

“Nunca se llega tan lejos como cuando no sabes hacia dónde te diriges”
(Cristóbal Colón)

Hace unas cuantas semanas os hablé de algunos lugares imprescindibles de Burgos, como el castillo, la catedral, la Puerta de Santa María o el paseo del Espolón. Os dejo aquí el enlace por si os apetece recordarlo:
Burgos, la ciudad del Cid
Ahora os traigo un par de lugares más, bastante interesantes también: un sorprendente monasterio y un bonito paseo.

En el siglo XII, a 1 kilómetro de la ciudad de Burgos, existía un lugar llamado “Huelgas del Rey”, que fue elegido por el monarca Alfonso VIII de Castilla para fundar en 1187 el MONASTERIO DE SANTA MARÍA LA REAL DE LAS HUELGAS (o de Las Huelgas Reales), ante los ruegos de su esposa, Leonor de Inglaterra, muy interesada en establecer una casa de religión consagrada a Santa María la Real.
Como curiosidad hay que decir que el término “huelgas” no se refiere a “holgar” (descansar) sino a las comarcas de pastos para ganado que no se dedicaban al trabajo. Este nombre se hizo extensivo al monasterio y aludía por tanto al terreno donde estaba situado.

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En 1199, doce años después de la construcción del monasterio, el rey Alfonso VIII lo entregó formalmente a un grupo de monjas llegadas del primer monasterio cisterciense femenino (en Tulebras, Navarra) con la condición de que sirviese como panteón de reyes y también como escenario donde los monarcas fuesen armados caballeros por la autoridad divina.
Con el paso de los años, fue tal el poder que iban adquiriendo las distintas abadesas que llegaron a ejercer su jurisdicción eclesiástica, civil y penal no sólo en los dominios del monasterio sino también en casi 60 pueblos. Pero esto cambió en el siglo XIX, cuando el papa Pío IX les suprimió todos sus privilegios y, en contraste, la abadesa actual no tiene ninguna potestad civil o jurídica y tan sólo se encarga del cuidado de unas mínimas posesiones.

El Torreón del monasterio fue utilizado como cárcel. Frente a él se puede observar la Portería y a su lado la Casa Grande, donde se hospedaban los reyes cuando visitaban el monasterio.

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Al fondo, el torreón que la abadesa empleaba como cárcel
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Almacén de grano a la izquierda, Portería del monasterio al fondo y Casa Grande a la derecha
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Detalle de la Portería
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Casa Grande

La parte más antigua del edificio es el claustro románico, denominado “Las Claustrillas“.

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Patio de Las Claustrillas

La Torre del monasterio es una de sus partes más llamativas y vistosas. Consta de varios pisos y el último contiene las campanas.

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La torre del monasterio

Como ya comenté antes, el monasterio también fue utilizado para armar caballeros y coronar reyes por autoridad divina, siendo el último en hacerlo el rey Fernando III de Castilla, llamado “el Santo” (padre de Alfonso X “el Sabio”). Para ello se utilizaba una curiosa escultura llamada “Santiago del Espaldarazo“, inspirada en Santiago Apóstol, con brazos articulados y empuñando una espada en su mano derecha. A través de un mecanismo, situado tras la pared donde se ubica la estatua, se manejaba el brazo de la espada para tocar al rey en el hombro e investirle caballero, puesto que al no haber autoridad terrenal superior al monarca sólo podía realizar esta función la autoridad divina. Es una pieza valiosa, pero os aseguro que sorprende ver esta curiosa representación del poder divino… sobre todo teniendo en cuenta su posible origen femenino, pero esa ya es otra historia.

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Imagen de www.patrimonionacional.es

Y al hilo de esto os cuento otra curiosidad:
La noche antes de ser armados caballeros, los aspirantes hacían la vela de las armas que les honrarían como tales, llevando como atuendo una túnica u otra vestidura blanca que simbolizaba la pureza espiritual. El color blanco de las ropas y lo larga que se hacía la espera hasta el amanecer dio origen a la expresión “pasar la noche en blanco“.

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El monasterio también tiene un Museo de telas medievales, situado en un lugar de lo más pintoresco: el antiguo granero, donde se han cuidado al máximo las condiciones de humedad y temperatura necesarias para conservar las telas y trajes expuestos. Este museo fue inaugurado en 1987, con motivo del 8º centenario de la fundación del monasterio y una de las piezas que más llama la atención es la Cruz de las Navas de Tolosa, con el estuche de cuero para su custodia, por suponerse que acompañó a Don Alfonso VIII en dicha batalla.

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Imagen de www.museodeburgos.com

En definitiva es un bonito monasterio digno de visitar, poco conocido y por tanto nada masificado, como la catedral, lo cual se agradece para verlo con calma.
Es muy recomendable visitarlo por dentro, aunque hay que tener en cuenta que hay zonas privadas que están cerradas al público, por ser de clausura.
El precio de la entrada es de 6 euros, con visita guiada. Tuvimos la suerte de contar con Almudena Vicario, una guía excepcional, que nos lo hizo todo muy ameno e interesante, contándonos infinidad de curiosidades y anécdotas.
Una advertencia: lamentablemente no se permiten fotos del interior, aunque sí del exterior, como podéis ver.20170112_1831151Y muy cerca del Monasterio de las Huelgas Reales está el bonito PASEO DE LA ISLA, con 800 metros de longitud y 120 metros de anchura. Es una maravilla disfrutar de este museo al aire libre y dar un paseo entre sus múltiples variedades de árboles o sus sorprendentes monumentos.

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Paseo de la Isla

Uno de esos magníficos monumentos son los Arcos de Castilfalé, donados a la ciudad de Burgos por Don García Muñoz Jalón, conde de Castilfalé, en 1922.

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O esta bonita Fuente de estilo colonial del siglo XVII, realizada en mármol y procedente del claustro del Monasterio de San Pedro de Arlanza y asentada en este paseo desde 1933.

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Otros elementos arquitectónicos que dan belleza a este Paseo son un Crucero, originario de San Pedro de la Fuente; un Estanque, realizado con estalactitas y estalagmitas de la Cueva de Atapuerca o una Portada Románica, procedente de la Iglesia de la Llana, en Cerezo del Río Tirón.

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El Crucero
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El Estanque
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La Portada Románica

Y hasta aquí la visita a Burgos, amigos. Nos quedaron cosas por ver, pero un fin de semana no da para mucho más. Es una de esas ciudades a las que será un placer volver, sin duda.
¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

 

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