“Titanic, The Reconstruction” un paseo por la historia del buque de los sueños

“No puedo imaginar ninguna situación que podría causar que un barco se hundiese.
No puedo concebir que ninguna gran catástrofe le ocurra a este buque.
La ingeniería naval ha conseguido superar ya todo esto”.
(Edward John Smith, capitán del Titanic)

Sorprende el exceso de confianza con que el capitán E. J. Smith pronunció estas palabras, poco antes de zarpar con el Titanic, sobre todo porque fue una de las 1.495 víctimas que se cobró su hundimiento, una de las mayores tragedias marítimas de la historia. Pero comencemos por el principio…

En los Jardines del Náutico de Gijón (Asturias) se puede visitar desde el 1 de Diciembre hasta el 7 de Enero la interesante exposición “Titanic, The Reconstruction“, que reúne objetos personales originales y reproducciones del barco más famoso del mundo.

Horario de visita: de 10:30 a 21:00 horas.
Precio: 10 euros (8 euros para mayores de 65 años).

Casi todos conocemos la historia del Titanic (apodado “El Insumergible“) y su trágico final, sobre todo desde la inolvidable película de James Cameron, ganadora de 11 Premios Óscar y protagonizada por Leonardo di Caprio y Kate Winslet, de la que se acaban de cumplir 20 años.


El Titanic se hundió en su viaje inaugural, en la madrugada del 15 de Abril de 1912,  tras chocar contra un iceberg de 30 metros, partirse en dos y  dejar casi 1.500 muertos (de los 2.207 que iban a bordo) en las aguas del Océano Atlántico.
Entre sus pasajeros estaban las personas más ricas e influyentes del mundo, así como cientos de inmigrantes irlandeses, británicos y escandinavos, a la búsqueda de un mundo mejor en Norteamérica. Lo llamaban también el “Buque de los sueños“, pero no por ser el más grande y lujoso, sino por transportar los sueños y esperanzas de las personas que viajaban a bordo. Ese era su equipaje más valioso.
Fue su primer y último viaje, antes de descansar para siempre en el fondo del mar, a casi 4.000 metros de profundidad.

La visita a “Titanic, The Reconstruction” dura una hora y media y comienza con el visionado de un documental de veinte minutos, donde se cuenta a grandes rasgos la historia del emblemático barco. Posteriormente nos dan una audioguía y pasamos a la exposición, que comienza con la foto de la mansión londinense Downshire House, propiedad del empresario naviero William Pirrie y donde él y Bruce Ismay (director de la White Sar Line) deciden una noche de 1907 la construcción de tres grandes e idénticos barcos: el Olympic, el Titanic y el Gigantic (posteriormente llamado Britannic). El objetivo era competir con sus rivales británicos, potenciando la elegancia en vez de la velocidad.

La operación fue financiada en gran parte por el banquero y empresario estadounidense J.P Morgan, quien pretendía embarcar en el Titanic, pero una gripe le obligó a cancelar el viaje en el último momento. Murió un año después del hundimiento.

De Bruce Ismay se dijo que fue él quien presionó al capitán del Titanic para que acelerase la velocidad y así llegar antes a Nueva York, para llamar la atención de la prensa y generar buena publicidad. Al final Ismay consiguió sus titulares, pero por un motivo bastante diferente al que pretendía.
Se salvó del naufragio, pero su comportamiento fue bastante controvertido, pues se dijo que saltó al bote salvavidas cuando aún quedaban mujeres y niños en peligro. La historia le recordará siempre como el gran cobarde de la tragedia, un hecho que, supuestamente, le atormentó toda su vida.

El encargado de construir el famoso barco fue el ingeniero Thomas Andrews, que iba a bordo del Titanic y perdió la vida en el hundimiento, tras comportarse heroicamente, tratando de salvar las máximas vidas posibles.

La exposición nos muestra a continuación las herramientas utilizadas para su construcción, como remaches, forja, troquelado, carpintería, utensilios de astilleros o materia prima para la fabricación.

Un manómetro, aceiteras de engrase o válvulas de aceite, aunque lo más curioso son los enchufes de la época.

La causa del hundimiento no está del todo clara. Hay teorías que insinúan que pudo haber sido atacado por un submarino alemán o que se produjo una especie de espejismo que confundió a los vigilantes en plena noche y les hizo creer que había un falso horizonte, con lo que les fue imposible detectar a tiempo el iceberg. La última y sorprendente teoría habla incluso de un incendio, que pudo empezar en uno de los depósitos de combustible y se habría mantenido ardiendo durante tres semanas, sin que nadie se diese cuenta.

Algo que sí parece claro es que los remaches que unían las placas de acero del casco tuvieron un papel importante en el hundimiento. Se trató de acelerar el proceso de construcción del barco utilizando remaches de mala calidad, con una proporción demasiado alta de escoria, lo que hizo que perdieran resistencia y se saltasen al chocar con el iceberg, permitiendo la entrada masiva de agua.

También hubo un cúmulo de fatalidades, como que no se contaba con los prismáticos adecuados para poder avistar un iceberg a tiempo; que el radiotelegrafista tardó más de la cuenta en alertar de la amenaza glaciar o que la tripulación de las cubiertas inferiores no tenían toda la información necesaria y fueron los primeros en morir.

A la izquierda, reproducción de los remaches del Titanic y a la derecha, fuelle de pie para mantener viva la brasa de calentamiento de remaches
Trozo de chapas originales unidas con remaches

El Titanic tenía 29 calderas y 159 hornos, que proporcionaban energía a los motores y necesitaba 620 toneladas de carbón al día. Trabajar en la sala de calderas era la tarea más dura de todo el barco y sus trabajadores los de escala más baja. Debían mantener las calderas encendidas día y noche, respirando aire contaminado, polvo negro del carbón y en un ambiente muy ruidoso y de intenso calor. Ninguno de ellos se salvó del hundimiento.

Tamaño al 50% de una de las calderas del Titanic

En las siguientes imágenes podemos ver unos binoculares, una carta de navegación de la trayectoria del Titanic, unos certificados de emigración y una libreta de embarque del mayordomo del barco, Alexander James Littlejohn.
También un megáfono del máximo responsable del barco, el capitán E. J. Smith. Como curiosidad hay que decir que éste iba a ser su último viaje, antes de retirarse.

Otra pieza curiosa que podemos ver es esta enorme cadena de ancla, original del Titanic…

O esta placa informativa del primer viaje inaugural, también original.

La rueda de timón que se expone es la original de la White Star Line, correspondiente al “Olympic”, uno de los gemelos del Titanic.

A continuación nos encontramos con varias imágenes reales de la colocación de los ejes de las hélices, de su proa y de una sección de la sala de máquinas.

Y otra imagen real, esta vez de una de sus chimeneas. Una curiosidad: el Titanic tenía cuatro chimeneas, pero sólo funcionaban tres, ya que la tercera fue construida para darle un aire más impresionante, pero realmente sólo servía como salida de humos y facilitaba la ventilación de las cocinas del barco.

Ya sabemos que el Titanic era muy lujoso, hasta el punto de contar con orquesta propia, formada por ocho músicos y dirigida por Wallace Hartley. Ninguno de ellos sobrevivió.

Una de las más famosas leyendas del Titanic es que los músicos estuvieron tocando hasta el final y que su última pieza fue “Nearer my God to thee” (Cerca de ti, Señor), cuya partitura nos muestran en la exposición.

Los restos del barco fueron descubiertos el 1 de Septiembre de 1985, por el doctor Robert Ballard, en una expedición franco-estadounidense. Se encontraban a casi cuatro kilómetros  de profundidad, en el Atlántico Norte. Posteriormente, en 1992, el artista santanderino Enrique Gran pintó el cuadro “El sueño del Titanic“, basándose en cómo se imaginaba él los restos del barco dentro de cien años.
La obra fue utilizada en 2012 como imagen para el centenario del hundimiento y actualmente el actor Leonardo di Caprio, protagonista de la película, estaría interesado en adquirirlo.

Detalle del cuadro, con lo que pudieran ser los restos del Titanic dentro de cien años

Algo que llama mucho la atención en esta exposición es el automóvil Runabout D24, apodado “El coche del Titanic“. Se encontraba en el puerto de Nueva York, a la espera de embarcar en el Titanic, para su presentación en Europa, pero el Titanic nunca llegó y el coche tuvo que ser transportado en el “Olympic”.

Fue fabricado en 1909, en Detroit y alcanza los 39 kilómetros por hora, trece más de lo permitido en la época. Es uno de los coches más antiguos que se conservan, capaz de arrancar.

En esta misma parte de la exposición podemos ver también una caja original de la bodega Henri Abelé, que contenía el champán que se servía en el restaurante de primera clase del Titanic.

También las mujeres del Titanic están representadas en esta exposicion, donde podemos ver ropa y complementos donados por damas de la alta sociedad que sobrevivieron al naufragio, como este vestido de encaje y pedrería que perteneció a Eleanor Widener.

Complementos de Margaret Brown, a quien la historia rebautizó como “La insumergible Molly Brown”, de orígenes humildes pero cuyo marido hizo fortuna tras el descubrimiento de una mina de oro.

O estos otros bonitos complementos, con encaje de Camariñas.

La pasajera más joven del Titanic se llamaba Millvina Dean y nació en 1912. Sobrevivió a la tragedia, falleciendo en 2009 a los 97 años. Fue la última superviviente que quedaba del Titanic y ella misma donó a la Fundación Titanic este anillo y esta camisa originales.

La emotiva  historia de amor de los Straus merece un capítulo aparte.
Isidor Straus fue un empresario judío alemán, fundador de Macy’s, unos conocidos grandes almacenes de Nueva York y embarcó con su esposa Ida en el Titanic.

En los botes salvavidas tenían preferencia las mujeres y los niños, pero él, dada su edad, fue invitado a embarcar junto a su esposa, pero lo rechazó diciendo que no subiría al bote antes que cualquier hombre. Su mujer tampoco quiso subir, alegando que llevaban muchos años juntos y allá donde él fuese ella también iría. Juntos vivieron y juntos encontraron la muerte, todo un ejemplo de amor, valentía y fidelidad. Qué importa el dinero o la propia vida si no es con la persona que se ama.

El cuerpo de Ida jamás fue encontrado, pero el de Isidor está enterrando en el cementerio de Woodlawn, uno de los más grandes de Nueva York y en su tumba está inscrita la siguiente frase:
“La inmensidad de las aguas no ahogarán el amor, ni las grandes inundaciones lo engullirán”.

Isidor e Ida Straus

El hundimiento del Titanic fue una tragedia y tuvo un gran impacto en la prensa del momento. En la exposición podemos ver cómo enfocó la noticia el principal diario regional de Gijón, “El Comercio”.

La novedosa radiotelegrafía, inventada por Guillermo Marconi, jugó un papel importante en el naufragio. Aquí podemos hacernos una idea de cómo era la sala de radio del Titanic.

Y los botes salvavidas también desempeñaron un papel crucial durante el hundimiento. Éste fue uno de los grandes errores que se cometieron, pues el barco tenía capacidad para 64 botes, pero tan sólo había 20 e iban medio vacíos, por temor a que se hundiesen.

Y llegamos a la joya de la exposición, la maqueta más grande que existe del Titanic. Está representada al detalle, y nos permite apreciar los distintos niveles del transatlántico. Podemos ver la sala con la famosa escalera del Titanic y su vidriera; los restaurantes y comedores de las diversas clases; áreas recreativas como el gimnasio, la pista de squash, los baños turcos, la piscina o la sala de lectura. También vemos las cubiertas, con zonas de paseo, lanchas salvavidas, tumbonas y el puente de mando. En niveles inferiores podemos comparar los lujosos camarotes de primera clase con los más modestos de las clases inferiores, así como las salas más funcionales. Entre ellas veremos las enormes calderas, la sala de correos, los almacenes de alimentos, los compartimentos para el carbón, las bodegas de carga… un sinfín de detalles recogidos en una fabulosa maqueta de 12 metros de largo.


Soy una gran aficionada a la historia del Titanic y siempre que puedo me escapo a ver alguna exposición relacionada con el mítico barco. Por eso y para finalizar, quisiera hacer una breve mención a otra exposición que vimos en 2015, en el Teatro Fernán Gómez de Madrid, denominada “Titanic, The Exhibition“. Nada menos que 200 piezas originales, algunas nunca exhibidas, que fueron fuente de inspiración para la película de James Cameron. Muebles, joyas, documentos originales, maquetas y réplicas de algunas estancias del barco (pasillos, camarotes de primera y tercera clase), una simulación de un iceberg o la recreación fotográfica de la célebre escalera.
La exposición concluía con un mural con los nombres de los 1.495 fallecidos en la tragedia.


Y hasta aquí este pequeño homenaje a la siempre apasionante, fascinante y misteriosa historia del Titanic. Desde el momento en que se hundió, aquella gélida noche de 1912, su leyenda comenzó a extenderse por todo el mundo. Y hoy, casi 106 años después, sus restos descansan en el fondo del mar, mientras sigue vivo su recuerdo en los millones de personas que nos emocionamos con sus exposiciones, sus películas o sus canciones. Aquí reside la magia del Titanic, pues finalmente se ha convertido en “insumergible”.
Hasta la próxima semana, amigos.

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