“Auschwitz. No hace mucho, no muy lejos”, una exposición para la memoria

“Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”.
(George Santayana)

Muy cerca de las famosas Torres KIO de Madrid (cuyo nombre oficial es Puerta de Europa) se encuentra la exposición “AUSCHWITZ. NO HACE MUCHO, NO MUY LEJOS“, en el Centro de Exposiciones Arte Canal, que explica con gran respeto y rigor histórico uno de los episodios más duros de la reciente historia de Europa.

Podéis visitarla hasta el 7 de Octubre, de lunes a domingo de 10:00 a 20:00 horas. Os dejo aquí los precios, pero tened en cuenta que el lunes es el día del visitante y el precio es más económico (7 euros). La visita es larga, en torno a tres horas y con audioguía. Os recomiendo ir con tiempo, pues hay mucho que ver.

El campo de concentración Auschwitz-Birkenau fue el mayor y más letal de todos los campos de exterminio nazi. En él fueron asesinadas 1.100.000 personas entre 1940 y 1945, de las que el 90% eran judíos.

Lo primero que nos encontramos en esta sobrecogedora exposición es un solitario vagón de mercancías, de madera y sin asientos. Los vagones de ganado fueron utilizados por los alemanes para llevar a miles de prisioneros a la fuerza, apiñados y sin apenas espacio, a su cruel destino.

Esta exposición recoge más de 600 objetos originales del campo de concentración y procedentes del Museo Estatal de Auschwitz-Birkenau (fundado en 1947 y declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, en 1979) además de 400 imágenes y 100 historias estremecedoras. Una llamada de atención al pasado, que nos recuerda lo inhumanos y despiadados que podemos llegar a ser.

Uno de los grandes símbolos de Auschwitz (Oświęcim, en polaco) fueron los trenes y sobre todo los vagones, como ya comenté. Pero también los zapatos utilizados por mujeres, hombres y niños que recorrieron un tortuoso y humillante camino hacia la muerte, en su mayoría en las cámaras de gas, bajo el temible Zyklon-B. Unos zapatos gastados que son el recuerdo conmovedor de una historia que jamás debería repetirse.

El Zyklon-B nació como pesticida, pero terminó utilizándose en los campos de concentración para llevar a cabo asesinatos masivos.
Cuando los prisioneros llegaban a Auschwitz, eran separados en dos grupos: por un lado, los que podían trabajar (mujeres y hombres fuertes) y por otro lado los niños, ancianos y enfermos. El segundo grupo era llevado directamente a las cámaras de gas. Para no alarmarles se les decía que dejasen sus pertenencias en el tren y que volverían más tarde a por ellas, tras un baño y desinfección, para evitar epidemias en el recinto. La triste realidad es que nunca volvían, pues morían asfixiados por el gas letal.

Lata de Zyklon-B y máscara antigás
Reproducción a escala real de la puerta de las cámaras de gas y de una columna de gas

Es imposible no emocionarse con las historias y testimonios contados, pero uno de las más tristes es el del sastre judío Salli Joseph, a quien se le concedió la Cruz de Hierro por actos heroicos durante la I Guerra Mundial, pero que no le sirvió para salvar su vida en el campo de concentración de Auchwitz, donde acabó asesinado junto a su mujer.

Pero hay más historias conmovedoras. Alexander Ammann, de padre austríaco y madre española, tenía gran talento para la escritura pero también problemas mentales. Fue enviado al Castillo de Hartheim, donde lo mataron nada más llegar, extrayéndole previamente piezas dentales de oro. Tenía 45 años.

O la niña Ilse Geuze, de 11 años y con una enfermadad grave que le ocasionó problemas de aprendizaje y dolencias constantes. Tras recorrer varias instituciones infantiles fue admitida en el castillo. A los pocos meses sus padres recibieron una urna con sus cenizas.

Alexander Ammann e Ilse Geuze, víctimas del Castillo de Harhteim

El Castillo de Hartheim, en Austria, se convirtió en uno de los centros de exterminio del Aktion T-4, programa secreto de los nazis para acabar con las personas discapacitadas. En cuatro años murieron en él 30.000 personas, mediante gases o inyección letal.
En la fotografía que os muestro a continuación se puede ver el humo procedente del crematorio  construido para incinerar los cadáveres de las víctimas.

Se fomentaba el odio a los judíos de tal manera que hasta se crearon juegos de mesa, como el de “¡Judíos fuera!”, que se vendía como un “juego extra divertido para toda la familia y muy actual” y que consistía, a modo de parchís, en expulsar judíos de las murallas de las ciudades.

Además, en la entrada de ciudades y pueblos, se colocaban carteles con el lema “los judíos no son bienvenidos” y se boicoteaban todos sus negocios.

Pero las víctimas de Auschwitz no sólo fueron judíos o discapacitados, también hubo polacos, romaníes, prisioneros de guerra y homosexuales, todos ellos considerados por el régimen de Hitler como “elementos indeseables” o “los que no merecen vivir”.

El pueblo romaní o gitano perdió en el genocidio nazi a tres cuartas partes de su población residente en Alemania en 1933. Muestras de sangre, determinación del color de ojos, moldes faciales y modelos de cabeza o archivos de fotos, cuyo único objetivo era la esterilización a través de inyecciones o castración, pues los alemanes consideraban que los romaníes tenían en su ADN el índice de criminalidad y lo transmitían de padres a hijos.

Los trajes de los prisioneros consistían en una chaqueta y un pantalón de rayas y cada uno de ellos estaba marcado con un número de recluso y un distintivo en forma de triángulo invertido, con un color diferente para cada categoría. El de los prisioneros políticos era rojo, el de los “asociales” (romaníes, vagabundos, etc) era negro y a veces marrón, el de los homosexuales era rosa y el de los Testigos de Jehová color púrpura.

Traje de prisionero político
Brazaletes y números de registro de prisioneros

Los judíos tenían un distintivo especial en forma de estrella amarilla, una imitación distorsionada de la Estrella de David,  símbolo del judaísmo.

Durante la II Guerra Mundial los alimentos, las prendas de vestir, el calzado o el combustible fueron bienes muy escasos en Europa. Por ello se crearon sistemas de racionamiento, para garantizar un reparto justo entre los ciudadanos. Pero a los judíos controlados por Alemania sólo se les permitieron cantidades mínimas de alimentos.

Cartilla de racionamiento judía

Los dibujos del artista polaco Jan Komski, prisionero en Auschwitz desde 1940 y uno de los supervivientes, nos dan una idea de la terrible vida en el campo de concentración.

Mención aparte merece el diplomático español Ángel Sanz Briz, apodado “El ángel de Budapest”, que salvó la vida de 5.000 judíos húngaros, proporcionándoles pasaportes españoles. Uno de los grandes héroes de la II Guerra Mundial.

Angel Sanz Briz

Pero esta completa y cuidada exposición no sólo habla de las víctimas, también de los verdugos.
A principios del siglo XX muchos europeos y norteamericanos pensaban que el progreso humano sólo podía realizarse mediante la reproducción entre personas sanas. Los nazis hicieron suya esa idea y en 1933 aprobaron una ley que daba poder a los médicos para esterilizar libremente, sin el consentimiento de los pacientes. Seis años después sometieron a tratamientos forzosos a más de 300.000 personas durante la II Guerra Mundial e idearon su primer programa de asesinatos en masa, el ya mencionado Aktion T-4.

Adolf Hitler estableció en Alemania un demencial sistema político basado en la supremacía aria y el culto a su propia personalidad. No hay más que echar un vistazo a sus discursos, para darse cuenta de su enfermiza personalidad y su deshumanización. En 1942 pronunció estas inquietantes palabras:
El descubrimiento del virus judío representa una de las mayores revoluciones que se han producido en el mundo. Si queremos recobrar la salud, no tenemos más remedio que acabar con él“.

Pero Hitler no estaba solo, en su camino al poder se rodeó de diversos hombres que compartían sus ideales. A continuación os muestro algunas fotos de miembros destacados de las S.S. de Auschwitz: comandantes, supervisores, médicos, arquitectos o jefes de los crematorios, con poder absoluto sobre la vida y la muerte de los prisioneros. En esta exposición podemos ver su vestimenta, sus relucientes botas, su idílica vida familiar en el campo de concentración, en contraste con las pésimas condiciones en que vivían los presos. Y entre todos ellos destacaba uno, el doctor Mengele.

Hebilla del cinturón de un uniforme de las S.S.
Josef Mengele, marcado con un círculo rojo

Josef Mengele, conocido como “El ángel de la muerte”, realizó cientos de crueles experimentos genéticos en niños. Su obsesión eran los gemelos, a los que inyectaba distintos tipos de productos químicos con diferentes intenciones (algunas veces para obtener un color azul en sus ojos) y eran sometidos a cirugías sin anestesia y amputaciones, para comparar sus reacciones. También cosió a dos niñas por la espalda, para observar su evolución, pero acabaron muriendo por infecciones derivadas de esa operación. Su único objetivo era multiplicar la raza aria, a base de embarazos múltiples.

Mengele nunca fue capturado y murió en Brasil, donde permaneció oculto los últimos años de su vida. Otros en cambio fueron detenidos y juzgados, pero nunca se sintieron culpables o arrepentidos, por considerar que “aliviaban a sus víctimas”.

Mesa de operaciones e instrumental médico de Josef Mengele

En la entrada de Auschwitz se puede leer la inscripción Arbeit macht frei” (el trabajo libera), lema utilizado en la mayoría de los campos de concentración de la dictadura nazi. Los prisioneros que la cruzaban por la mañana, para pasar 12 horas o más de trabajo diario extenuante, la volvían a cruzar de nuevo por la noche, vivos o muertos.
El 27 ENERO de 1945 el ejército soviético liberó Auschwitz, acabando con el infierno vivido por tanta gente inocente, a quien se les arrebató su futuro de la manera más cruel.

Liberación de Auschwitz

Me despido con unas líneas de Charlotte Delbo, escritora francesa y superviviente de Auschwitz, que invitan a reflexionar:

“Tú que pasas por aquí
a ti te ruego
que hagas algo
que aprendas un paso de baile
algo que justifique tu existencia
algo que te dé el derecho
de estar vestido con tu piel y tu vello
aprende a caminar y a reír
porque no tendría sentido
a la postre
porque son muchos los que han muerto
mientras tú sigues vivo
y no haces nada con tu vida”.

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